lunes, 25 de enero de 2016

Aniversario


Pasan. Van pasando,
con su estigma de acero vespertino,
iguales, como soles, los soles de tu vida:
olas que se tragaron su relieve,
nubes que se agotaron en la forma,
admirables intrigas que traen fingidos ecos
y sombras amarillas a tu cuarto de siglo.
Todo es fugaz, sentencia sabia
que de guirnaldas cubren los poetas;
mas, también, todo forja
su misteriosa luz, su regio silbo,
desde el fugaz destello que lo anima.
Se mece así tu reino en el instante.
Y tu tortura en tal reino se mece.

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Lo escribí hace veintitrés años para festejar, acaso, la redondez sin mácula de mis veinticinco, y lo titulé con cierta ironía Balada del cuarto de siglo. Se ha ido colando en alguna selección personal y, cómo no, lo divulgué también en el vecino blog Retales de mi alforja. Hoy lo releo desde un ángulo sereno, mas sorprendido de que no haya agotado todavía el margen de vigencia que le presumí entonces. Me pregunto durante cuántos años más sabrá revalidarme su misterio intangible.

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